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Terra
La Coctelera

Una bonita historia con final triste

Os voy a contar una historia, que quizá os deje un poco tocados, o que quizá os importe un pimiento.

Esta historia comienza cuando un niñito de 11 años, callado, vergonzoso, gordito y no muy social por aquel entonces, acude a una academia para poder sacarse el curso que le estaba costando de inglés en el colegio.

La profesora de la academia era amiga de su madre, y podía tener algo de confianza con ella, menos mal porque nuestro amiguito, siento como era, tan poco sociable, le costaba horrores integrarse en nuevos grupos, más aún uno como el de aquella clase donde sólo estaban tres chicas que ya llevaban un año juntas, y por supuesto él se sentía un elemento totalmente extraño en aquel ambiente.

Pero sorprendentemente, no le fue difícil integrarse, no sólo por ser ya conocido de la profesora, no, si no porque aquellas tres chicas eran majísimas y a base de bromas, risas... consiguieron que aquel chico callado y vergonzoso se integrase a la perfección.

Sobretodo una de aquellas chicas, las preciosa y risueña Noelia. Con su inocente y maravillosa sonrisa rompió todas las defensas de nuestro pequeño amigo. Y mientras los meses pasaban y su inglés mejoraba hasta el punto de poder sacar sobresalientes en una clase donde no era difícil sobresalir, aquella academia le estaba enseñando a aquel chiquillo algo mucha más importante, a confiar en la gente y a no cerrarse a nuevos grupos.

Pero sin duda había algo mucho más importante que aquella experiencia le estaba enseñando, día a día, cuando veía a la guapísima Noelia, se sentía más y más raro, hasta el punto de que un día concluyó que todo aquello debía de ser de lo que hablaban las películas y las canciones de la radio, eso que los mayores llamaban Amor. Quizá parezca algo exagerado, hablar de Amor a los once años. Incluso para nuestro protagonista. Años después, no lograba explicarse aquello, como a los once años podía haber sentido algo así teniendo en cuenta que a lo largo de su vida sólo había creído sentirlo otro par de veces más.

Pero allí estaba él, con once años y mariposas en el estómago.

Un día, se armó de valor, y con total seguridad fue ese día a la academia, dispuesto a decirle a Noelia que le esperara un momento a la salida para decirle una cosa. Le iba a soltar aquella frase que años después le resultaría cómica e infantil "Me gustas, ¿Quieres salir conmigo?", pero que en aquel momento, a aquel chavalín le parecía totalmente acertada.

Repaso la situación mil y una veces en su cabeza, durante semanas, a la hora de irse a dormir. Todas las posibles respuestas y cual era la mejor forma de convertir fuese cual fuese la respuesta en un "Sí". No podía fallar, por primera vez en su vida se sentía seguro de si mismo y sin miedo. Pero ella no fue a la academia aquel día.

Nuestro joven Héroe se desilusiono y estuvo a punto de caer en el hoyo del fracaso. Pero no, era una tontería, el siguiente día de academia se lo diría, sería igual. Esto fue cuando aún él creía que habría otro día de academia... pero no adelantemos acontecimientos.

Ahora entra en escena otro personaje, que llamaremos HijoPuta, el típico matón chulito enano, que iba, por desgracia, al colegio con nuestro protagonista. Aquel sábado, casualidades de la vida, el día después del intento fallido de declaración amorosa, quiso el destino o como queramos llamarlo, que HijoPuta se encontrase con él, mientras echaba unas partidas en los recreativos donde por aquel entonces se reunía la chavalada. HijoPuta como su nombre indica, no era ningún santo, y al enterarse de que a nuestro amiguito le gustaba una chica, le obligó a llevarle al sitio donde estaba ella con sus amigas, para verla, con el claro objetivo de reírse de ella, y de él por gustarle una chica tan rara en apariencia. Y encima tenía gafas.

HijoPuta cumplió su objetivo, y nuestro Héroe lloró, porque por su culpa HijoPuta se había reído en la cara de Noelia, de su querida y amada Noelia...

Y el lunes siguiente lloró más, porque mientras HijoPuta le obligaba a llevarle delante de su amada, se torció el tobillo, y el lunes la torcedura fue clasificada por un médico como esguince. Por aquel entonces no se levaba tanto el fisioterapeuta, por lo que la única cura del esguince se reducía a dos semanas pierna en alto sin salir de casa. Exacto, la academia implicaba salir de casa y su madre no lo iba a permitir.

Y lloró aún más cuando su madre consideró que el bache idiomático en el colegio ya estaba salvado y era absurdo seguir yendo a la academia. Con once años aquello era un mundo, ya no tenía contacto con ella, así de repente, justo cuando se había decidido a lanzarse por primera vez en una aventura que no conocía su final.

No la volvió a ver. Nunca.

Y ahora, lo más triste, un final que ninguno habéis deseado mientras leíais esto pero que así fue. Años después, nuestro amigo, por vía de aquella profesora amiga de su madre, se enteró de Noelia, la preciosa y risueña Noelia, había estado un año entero preguntando si iba a volver. Pero ya era tarde, hacía ya un par de años que Noelia dejo la academia y no podía encontrarla, no sabía como encontrarla. Y aún hoy nuestro amigo de vez en cuando se encuentra pensando en ella, en la bonita sonrisa que tanto le gustaba. Y piensa donde estará ella, que estará haciendo, y si ella también se acuerda de él.

Y sí, aunque ya lo habréis imaginado, aquel niño que creía estar enamorado era yo. Y como soy tan romántico como para seguir creyendo en los finales felices, aún tengo la esperanza de encontrarla alguna vez y al menos poder preguntarla si aún me recuerda, después de trece años. Y quién sabe si revivir aquel infantil sentimiento... Soy muy cursi sí, pero ya me he cansado de buscar cosas que sé que no encontraré en lenguas que nunca serán capaces de aportarme nada, ni una sola sonrisa.

Aquella sonrisa... en fin, no dejéis pasar las oportunidades que os brinde la vida...

Maravilloso viaje a Asturies...

Capítulo 1: De cómo llegue a Oviedo
Sí, soy tan friki que estoy escribiendo esto desde la estación de autobuses de Oviedo. Uhm, vaya, esto me suena de una escena de Padre de Familia... “¿Para que escribir si no te ve nadie no? Claro tío, los escritores tenemos que hacerlo en público”. Jejeje.

Son las siete de la mañana, llevo aquí hora y media y me queda otras dos horas hasta que salga la FEVE en la dirección a Llanes, el destino de mi aventura de hoy.

Hace siete horas me dirigí a la dársena 32 de la Estación Sur de Autobuses de Madrid, a coger el autobús que me traería hasta aquí. Empezó con mal pie, ya que después de meter la maleta en el maletero del autobús, me di un gran y jodido cabezazo contra la puerta del maletero. No aprendo, siempre me pasa o mismo. Por eso ahora mismo tengo un chichón considerable. Durante el viaje, me dormí, claro. Y de repente me desperté atravesando los Picos de Europa, con las cumbres nevadas, niebla y la luna casi llena en lo alto. Una estampa casi casi perfecta para empezar este viaje del que tengo tres objetivos. Desconectar, tomar la decisión que puede cambiarme la vida, y por supuesto, comprobar que puedo estar sólo sin venirme abajo.

Ya sólo estando aquí, me siento bien, y eso que apenas he visto un par de calles de Oviedo. Creo que esto va a ser muy grande...

Capítulo 2: Montado en la fiebre (on to the FEVEr)
Después de este estúpido juego de palabras os contare el viaje de Oviedo a Llanes. Podría haber buscado un Autobús (que no me hubiese costado mucho encontrar) que me llevase en este trayecto en menos tiempo que el Ferrocarril Español de Vía Estrecha... pero que le voy a hacer, soy un romántico de los ferrocarriles, más aún si son antiguos. Un viaje de casi tres horas, por los picos de Europa entre niebla y acompañado de un montón de gente de la tercera edad, hasta el interventor, (¿Por qué los jóvenes no usan la FEVE? Gilipoyas...). Un viaje simplemente genial.

Capítulo 3: Reencuentro
Tres años, tres sin ver el mar. ¿Diez? años sin ver Llanes. No tengo palabras para describir la sensación que he tenido cuando me he acercado a la paya del sablón, y cuando he empezado a dar mi solitario paseo a través del paseo de San Pedro... No podía creer que estaba aquí. Aún no lo creo. Es como un sueño. El mar, la playa, el paseo, el río, el puerto, la sidra... Me he pasado todo el día paseando por todo Llanes...

Capítulo 4: Arriondas Trip
El domingo me dirigí a Arriondas a hacer una visitilla. Fue un gran día, no ya por el sitio sino por la compañía. Arriondas, fuera del interés turístico-deportivo (Es el inicio del descenso del Sella) no tiene mucho más. Un pueblo pequeño, con el encanto de Asturias y poco más. Una comida envidiable. Hay que reseñar que lo que en Madrid es una “Tabla de quesos”, aquí es de risa. Con uno solo de los pedazos de queso de la tabla de aquí, se hace una entera en Madrid... en fin, es lo que tiene la Capital...

Y la compañía, pues genial. Ha sido un día maravilloso en esta mi nueva aventura por tierras asturianas...

Capítulo 5: CUÉntame como te ha ido
Y para pasar el siguiente día, fuí al pueblo de al lado de Llanes, Cué, y a su playa, escondida y recóndita. Ha sido muy agradable ya que a estas alturas de Noviembre el poco turismo que hay se concentra en Llanes y en pueblos como Cué sólo te encuentras con paisanos, si es que llegas a encontrarte con alguien.

Capítulo 6: La bici de Noé
Quería visitar todas esas playas de la llamada “senda costera” que es equivalente al camino de Santiago en esta zona, alguna de ellas a las que ni siquiera se puede acceder en coche, pero tratar de hacer una caminata por todo ese camino era harto imposible, así que alquilé una bici. Gran idea porque ha sido un camino maravilloso con varios puntos álgidos, como la calita preciosa de Poo, el camino que atravesaba el monte que estaba total y absolutamente alfombrado de naranja... y el trozo de camino con una capilla al inicio para protegerlo de las ánimas... que mal rollo.

Había sitios donde parecía que en cualquier momento iba a aparecer un Cuelebre o cualquier otro ser mitológico... el problema es que cuando estaba más lejos se ha puesto a diluviar a saco... y he acabado empapadísimo, embarrado... pero con una gran sonrisa...

Capítulo 7: ¿Querías agua? Toma dos tazas
La mañana del miércoles la he dedicado a algo muy simple, visitar una playa. Pero una playa muy especial... es la playa de Gulpiyuri, y es un monumento natura. ¿Qué como una playa es un monumento natural? Pues os lo cuento... es una playa que está DETRÁS de un monte, cerca del Mar. Es decir, el mar pasa por debajo del monte, y vuelve a salir, con sus olas y todo... precioso. El caso es que hay que nadar un rato para llegar y cuando estaba allí... a diluviar, y diluviando hasta que he llegado a la estación de la FEVE, que ha sido cuando ha dejado de llover... ¡Esa es mi suerte!

Capítulo 8: Adiós Adiós, Amigos
La tarde del miércoles la dediqué a, primero darme un homenaje con un entrecot de vaque asturiana... y después despidiendome del paseo de San Pedro, de la playa del Sablón (Donde fui a meter los pies en el agua... y acabé casi empapado hasta el culo), del puerto, de los Cubos de la Memoria, del faro... estu ye maravilloso... estoy deseando volver...